Lo que puedes controlar


Pasas el tiempo intentando controlar tu vida. Es posible que cierto control tengas, pero en realidad, hay pocas cosas que puedes controlar. Quieres que todo suceda en el tiempo y forma que te convenga, pero todos ya sabes que eso es imposible.



Si lo piensas bien, la vida es un milagro,

muy frágil, se puede acabar en cualquier momento. Te puedes pasar toda una vida siendo la persona más responsable, ahorradora, llevando una vida saludable, y lo mismo sales a la calle un día y te atropella un coche. Con esto no estoy diciendo que vivas con tu cuenta de ahorros a cero euros.


Lo que seguro que sí puedes controlar es la respiración y su ritmo. Puedes poner consciencia en el movimiento de cada inhalación y exhalación. De hecho cada nueva exhalación te acerca más a la muerte, pero cuanto más lenta y calmada, más probabilidad de que ese momento llegue más tarde.


Las tortugas son un buen ejemplo de ello, pueden llegar a vivir muchos años, y gracias, entre otras cosas, a que respiran 4 veces por minuto, mientras que un adulto en reposo, respira entre 8 y 15 veces por minuto.


El cerebro y corazón necesitan mucho oxígeno para funcionar bien. Si estás sofocado, no podrás concentrarte, tendrás perdidas de memoria, y tus emociones parecerán incontrolables. Por eso, una respiración lenta, profunda, y consciente mejora los pensamientos, y la calidad de los mismos. La respiración controlada es el arma más poderosa que posees.


El humano tiene una capacidad respiratoria de 3,5 Litros, y normalmente, usa medio litro. Por lo tanto, no oxigena completamente el cuerpo. Ejercicios como yoga o meditaciones de respiraciones incrementan la capacidad respiratoria y calman la mente.


Si puedes controlar tu respiración, puedes controlar tu vida, o al menos, los nervios, la ansiedad y el estrés. Cuanto más relajados, mejor. Esto no es garantía de una vida duradera, pero si de una vida más feliz, un poco más en paz. Además, la ciencia tie diría que reduces las posibilidades de desarrollar todo tipo de enfermedades. Pero son probabilidades, recordemos que aún nos puede atropellar un autobús. Por eso, es importante mirar bien cuándo cruzas, procurar vivir cada momento con la intensidad que vivirías sabiendo que es el último día de tu vida, y por supuesto, respirar lo más profundamente posible.